Una novela se da por acabada cuando ya no queda nada por pulir

Todos los escritores cuando dan el punto final a un trabajo suelen pasar por dos fases emocionales: la euforia porque ciertamente creen que han creado una obra de arte y la decepción al releerla por dudar de que sea tan buena. De allí que la mayoría de autores con cierto recorrido dejen descansar sus escritos durante un tiempo para tomar distancia y ser más objetivos en la evaluación y corrección. Aún así es muy difícil que el propio autor encuentre todos los fallos. Lo que ha escrito es parte de sí mismo y entiende de qué va la historia más allá de la palabra escrita. Allí radica la importancia de que los textos sean leídos por otras personas antes de intentar publicarlos. Pueden ser amigos, conocidos, parientes o lectores profesionales y el objetivo ha de ser la crítica. Es decir, no vale de nada que quienes lean digan «me gusta» o «no me gusta». Lo importante es que marquen los párrafos que no han entendido, los que han debido releer porque se han perdido, las partes que han resultado cansinas o pesadas y los saltos temporales que los han hecho volver atrás en el relato para lograr reubicarse. La opinión de varios lectores ofrecerá al escritor un panorama de qué partes de la historia ha de mejorar, cuales ha de cambiar y los párrafos y a veces capítulos que es conveniente eliminar.

Si bien es verdad que muchas personas escriben para sí mismas o para su entorno más íntimo, más cierto es que la mayoría escribe para que otros le lean. Y cuando una obra pasa al dominio público cada lector es un universo que reinterpreta la historia a su manera y bajo sus propias reglas. De allí que las opiniones varíen tanto entre lector y lector.

Es muy conocida una anécdota atribuida al escritor argentino Jorge Luis Borges: En una de sus clases un alumno se esforzó en interpretar uno de sus cuentos. Cuando terminó, el maestro le dijo: «Si usted cree que yo quise decir eso…»

Lo importante, lo que está en manos del autor y del editor es subsanar los fallos que afecten la comprensión y el seguimiento de la historia del lector medio. ¿Cuál es el lector medio? Depende del nicho de mercado al que se dirige el libro. Así una novela romántica agradecerá que el hilo conductor sea lineal y una histórica aceptará una descripción más detallada de lugares, usos y costumbres. 

Por ello es importante que los escritores dejen de lado la euforia inicial y superen la decepción posterior.

Una obra se da por acabada cuando ya no queda nada por pulir…